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La carta del consejero de Sanidad

La carta del consejero de Sanidad

Qué contento se pondría Cervantes si levantara la cabeza. Frente a los tiempos en los que la comunicación va a toda pastilla a través de internet, redes sociales, móviles de última generación, ha sido el ébola el culpable de que la correspondencia escrita vuelva a ser protagonista. Lo lamentable es quién protagoniza tan magno evento. Una vez más D. Javier Rodríguez, consejero de Sanidad, se consagra en protagonista en esta crisis sanitaria. Lo hace levantando el puño, agarrando papel y pluma y dándole al arte de la escritura para pedir perdón. Sino le bastaba el insulto filibustero hacia Teresa Romero, la española hospitalizada por ésta terrible enfermedad, acusándola de mentir y de negligencia, hoy nos deleita con unas letras excusándose “porque sus palabras hayan causado malestar”. No señor, sus palabras no causaron malestar, fueron como dardos envenenados, ofensivas, hirientes y despreciables. Palabras que se podían esperar de un político, porque es a lo que nos tienen acostumbrados, pero nunca de un médico. Señor Rodríguez, aunque parezca mentira, le recuerdo que usted es médico, un profesional de la Sanidad, que en su día hizo el juramento hipocrático. Ese que se basa en la responsabilidad de la práctica del oficio, ese mismo cuyo contenido define la ética de los profesionales para practicar su labor, ese mismo que usted con sus palabras se ha saltado a la torera. Y yo me pregunto, ¿qué ha hecho el Colegio de Médicos ante tal descalabro? Como asegura Fresquita, seguro que están escribiendo también una carta y hay que entender que ellos son de ciencias y llevarán su tiempo.

El consejero de Sanidad asegura que su carta es la respuesta a la que el marido de Teresa escribió el lunes pidiendo su dimisión. D. Javier, es lógico que el señor Limón escribiera una carta porque, le recuerdo, está hospitalizado, aislado y en observación y, ante la impotencia del que está encerrado y no puede defenderse de los ataques verbales de todo un consejero, decidió escribir la misiva. Pero le recuerdo que usted agravió a Teresa utilizando todo el poder mediático que le da su cargo, televisiones, radios, prensa escrita, dando rienda suelta a su verbo y donde sus palabras se tornaron agresivas y llenas de desprecio. Parece mentira que a estas alturas de su carrera política no sepa que, cito una frase de Jacinto Benavente, “cuando no se piensa lo que se dice, se dice lo que se piensa” y la palabra hablada es la máxima en comunicación. Si quería pedir excusas o limpiar su nombre y cargo, tendría que haber utilizado la mismas plataformas informativas con las que ofendió, para que la divulgación de sus disculpas fueran equiparables a su ofensa.

Sr. consejero, hasta para pedir perdón hay que tener clase y tan sólo me remito a lo que le pedía el Sr. Limón en su escrito: dimita. Esas serían las auténticas disculpas que esperarían Teresa y su marido y el resto de los españoles.

Sonia González

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