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He de confesar que no he leído la trilogía de “50 sombras de Grey”, pero mi vecina Fresquita es la fan número uno y está como loca desde que se ha enterado que el próximo 14 de febrero, San Valentín, saldrá la película. Me ha hecho ver el trailler unas diez veces, me ha hecho un análisis exhaustivo de los protagonistas y una crítica detallada de por qué le resultan bastante convincentes. Después de ese machaque sin látigo, ni fusta, ni esposas y a cara descubierta, no me ha quedado más remedio que prometerla que iré al cine con ella en cuanto la estrenen.

Me doy cuenta de lo bien que le ha venido a Fresquita el leer este best seller. No se como será de persuasivo Grey, no se si sus sombras serán de esas que te van envolviendo poco a poco y sin darte cuenta te estás desnudando sin que nadie te lo haya pedido, incluso sin mediar palabra, pero lo que sí se es que la capacidad de persuasión que mi querida vecina ha desarrollado desde que leyó la obra, ha sido espectacular. Ella siempre ha carecido de sutileza, ha sido directa como un dardo y cuando ha querido algo no ha parado hasta conseguirlo, pues ahora ha dirigido todo este poderío a conseguir su liberación sexual.

Trilogía "50 Sombras de Grey"

Trilogía “50 Sombras de Grey”

Hay un antes y un después desde que se sumergió en las turbulencias de Grey. Imagino que no sería la primera vez que oía hablar del sadomasoquismo, del fetichismo, de los hábitos sexuales que no son políticamente correctos de cara a la galería, pero para ella si era la primera vez que entraba en contacto con ese mundo, con ese sexo tan explícito y detallado que le ofrecía la lectura. Ese que párrafo a párrafo la iba descubriendo su propia piel y sus más íntimos deseos. Ahora pienso que capítulo a capítulo, fue dándose cuenta de su potencial y un buen día, se puso manos a la obra.

Fresquita, como tantas mujeres que ensalzan “50 sombras de Grey”, descubrieron lo que otras muchas habían descubierto hace tiempo, hace años, incluso me atrevo a decir hace siglos: la imaginación al poder y en materia de sexo, el poder está en la imaginación.

Muchas veces las dos observábamos desde mi ventana, a un vecino de enfrente que estaba de toma pan y moja. Un bombero con cuerpo de infarto que hacía gala de musculatura y de atributos todos los días cuando llegaba a su casa. Él sabía perfectamente que le estábamos observando y le encantaba. Su fetichismo radicaba en su exhibición. Es más, se regodeaba quitándose la ropa y andando en pelotas por su casa. Mientras que yo permanecía impasible ante tan magnífico espectáculo, vamos que sólo me faltaban las pipas y las palomitas para la sesión completa, Fresquita no paraba de mover sus manos, escondía de vez en cuando su rostro tras los visillos e incluso, cuando él volvía la mirada y se paraba como Dios le trajo al mundo delante de su ventana, el tembleque de piernas y la risa floja de mi vecina era todo un poema. Al final, siempre decía lo mismo “qué desvergonzado, cómo le gusta provocar” y yo le contestaba “sí, sí, pero ninguna de las dos dejamos de mirar” y reíamos juntas hasta la siguiente velada de streptease que, todo hay que decir, con estos calores es día sí y día también.

Eso era antes de “50 sombras de Grey”. A raíz de su lectura sus instintos más salvajes se despertaron y, aunque ella desconoce que estoy al tanto de sus correrías, decidió pasar a la acción con el frutero de la esquina. Desde entonces tenemos fruta riquísima todas las semanas. Sobre todo un excedente de fresas que, como mi imaginación es infinita, estoy convencida que no sólo utiliza para el postre. El hombre goza de una sonrisa que le llega de oreja a oreja y ella ha dejado de esconderse detrás del visillo cuando el bombero, a calzón bajado, nos enseña todo su poderío con movimientos rítmicos de trasero.

El efecto de este libro sobre muchas mujeres está siendo espectacular y, repito, a pesar de no haberlo leído, creo adivinar el sentido que le dan a tanto sexo explícito. Sencillamente el acercarse a ese mundo cargado de sensualidad y de erotismo, el sumergirse en esas descripciones de encuentros sexuales escabrosos palabra por palabra, las ha despertado al maravilloso mundo de la imaginación, al juego de las fantasías que llena tantos espacios en nuestros cerebros y tantas camas.

Somos diferentes, mientras que a ellos les gusta el porno en imágenes, a nosotras nos gusta el escrito y descrito. Distintas apreciaciones para un mismo punto de encuentro.

Esa historia de chica mojigata, inocente e insegura que se topa con un triunfador en todos los sentidos, manipulador y controlador, que siempre consigue lo que quiere, ya he dicho que he visto el trailler y se de qué va la cosa, no me provoca. Después de acercarme de soslayo a ese mundo de Grey, la incertidumbre y la duda me asaltan, ¿quién controla a quién?, ¿quién manipula la situación para llegar a conseguir lo que se persigue? Hoy por hoy, la respuesta para mí se escribe en femenino.

Sonia González

 

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