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Saludos Balcón Palacio. Agencia EFE

Saludos Balcón Palacio. Agencia EFE

Saludos Balcón Palacio. Agencia EFE

Saludos Balcón Palacio. Agencia EFE

Hoy no pensaba abrir la ventana. Sabía que el bullicio y la escandalera callejera por la proclamación del nuevo rey iba a ser peor que un día en la Fórmula 1. Pero no lo he podido evitar, mi curiosidad periodística ha ganado la batalla y aquí estoy, asomada al balcón soltando la lagrimita emocionada y con el estómago encogido. No os equivoquéis, no lloro por la emoción del momento, por la algarabía del pueblo, por el nuevo rey, ni mucho menos, mis lágrimas están cargadas de sorpresa, alegría y satisfacción: Doña Letizia, mi Letizia, aquella joven lisonjera y con cara de felicidad de hace diez años ha vuelto a aparecer.

He llorado de alegría porque se que nuestra recién estrenada reina, ha leído mi artículo de la semana pasada “Adiós princesa, adiós” y ha decidido dejar atrás ese gesto enjuto y agrio del que hacía gala en la mayoría de las ocasiones. Hoy he visto a la madre, a la mujer, a la esposa y a la reina. Por fin ha despedido la pose de presentadora de televisión y ha dejado paso a la naturalidad que, en definitiva, la hace humana.

Mi congoja y mis lagrimillas también han sido por la reina Doña Sofía, hija de rey, esposa de rey y madre de rey. Hoy ha sido más reina que nunca. Una vez más ha hecho gala de su generosidad, no de su profesionalidad como diría D. Juan Carlos, tragándose tantos desplantes, tantos desafíos, tanto abandono y besando, incluso con cariño, al hombre que la tuvo durante años como una compañera de trabajo muy bien preparada y no como lo que a ella le habría gustado, sencillamente, como su pareja.

Como colofón femenino, allí estaban las pequeñas princesas, Doña Leonor y Sofía. Cumpliendo con sus obligaciones y muy vigiladas por su madre. Más mujeres que añadir a la lista y es que Felipe VI no se puede quejar. Lo mires por donde lo mires su reinado va a estar marcado por un sello muy femenino.

Seguro que os estáis preguntando por qué no hablo de sus otras mujeres, de esas que también han estado muy presentes en su vida, de Doña Elena y Doña Cristina. Pues no lo hago porque me gusta mirar al futuro y no regodearme en el oscuro pasado, sobre todo cuando pasa por tribunales de justicia.

Me gusta que Felipe VI esté rodeado de mujeres, van a marcar su reinado, su casa y su vida. En eso ya es muy diferente a su padre.
Después de todo esto, os quiero confesar que soy republicana, pero antes soy constitucional y, sobre todo, soy práctica. Práctica porque ahora mismo tenemos el mejor jefe del Estado que podemos tener, porque nos ha costado mucho dinero y tiempo, 46 años, prepararle y porque ha recibido la educación adecuada para ser lo que hoy es.

¿Os imaginais este país sin Felipe VI, que hoy estuviéramos buscando un nuevo Jefe de Estado? ¿Dónde tendríamos que buscar, en el mundo de la política, en el de la judicatura, en el de sábios? (Creo que de estos ya no nos quedan, se han ido todos a Estados Unidos) ¿Confiaríais en la imparcialidad del elegido? Yo no. A las pruebas me remito, todo está tocado por el poder político, todos tienen marcas, señuelos que delatan su inclinación. Ahora mismo, de momento, no hay mejor Jefe del Estado que Felipe VI.

Y, aunque me han copiado, me quedo con esa imagen saludando desde “el Balcón del Palacio Real”. Felipe VI y Sus Mujeres han aprovechado para asomarse a Su Ventana. Hoy, en su primer día como familia real ha reinado la naturalidad y surge una nueva era con toque femenino.
Espero que continúen asomándose muchas veces a Su Balcón, igual algún día les invito al mío y comparto con ellos el clamor de la voz de la calle.

Sonia González

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