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Una valla de un puente de París se hunde por los candados colocados por parejas

Una valla de un puente de París se hunde por los candados colocados por parejas

Cuando leo esta noticia “Una valla del Puente de las Artes de París se hunde por los candados colocados por parejas”, un pensamiento me brota desde el lugar más recóndito de mi cerebro: Caramba, qué pesado es el amor.

Abro la ventana para compartir con vosotros esta profunda idea, carente de romanticismo y cargada de ironía y sarcasmo. Y es que, demasiado ha tardado en caerse esa valla de casi dos metros y medio después de aguantar durante años toneladas de amor, de tantas y tantas parejas. Porque, ¿cuántos de esos enamorados que engancharon su candado amarrando su amor en París, continuarán juntos? Seguro que muchos de los que sellaron su “Te quiero” con el Sena bajo sus pies, hoy están cada uno por su lado o poniendo otro candado con su nuevo amor de turno en otro puente, sabe Dios dónde.

Estaréis de acuerdo conmigo que el peso del amor va aumentando con el paso del tiempo. Unas veces para bien y otras para mal, pero la mochila cada vez está más llena. Desengaños, ahí te quedas o ahí me quedo, bodas, hijos, suegros, suegras, jefes, trabajos, amantes,… ¡Anda que no tenemos candados! De una manera o de otra nos encadenamos a algo o a alguien en nuestra vida. Estos candados del Puente de las Artes simbolizaban algo hermoso en un momento concreto de la vida de alguien. Un detalle romántico de un amor para siempre. Pues el detalle se ha hundido, cual Titanic, bajo las aguas del Sena también para siempre.

Esto es como todo, de todas esas parejas habrá unas que vean el vaso medio vacío y otras medio lleno. Las negativas, seguro que estarán pensando en el mal augurio que eso debe significar, porque precisamente limpias y transparentes las aguas del Sena no están. Y si no siguen con aquella pareja a la que se amarraron, pensarán que esto se veía venir, que tarde o temprano ese “puñetero” candado que pesaba como un quintal porque su “amorcito”decía que tenía que ser muy grande, igual que su amor, se ha hundido llevándose por delante medio puente, igualito que cuando te dejó, llevándose la tele, los muebles, el coche y dejando una nota que decía “ahí te pudrás”.

Luego están los que ven el vaso medio lleno, esos que aunque te hayan dicho también “ahí te pudrás”, piensan: “Es el mejor sitio para enterrar lo viejo, lo antiguo, lo inservible, en el fondo del Sena. Brindo por ello”.

Los positivos siempre verán lo bueno de los contratiempos, porque aunque hayan tenido la suerte de seguir con la misma pareja, esa a la que se amarraron en el Puente de las Artes de París y su candado se haya ido al garete, ellos dirán: “Cariño, esto es una señal para que volvamos a París y volvamos a sellar nuestro amor con otro candado”.

Hoy, Desde Mi Ventana, rindo tributo al candado. Es una pena no vivir cerca de un puente y tener una ferretería.

Sonia González

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