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El dios Rafa Nadal

El dios Rafa Nadal

El semidiós Thor

El semidiós Thor

Desde ayer por la tarde y con la ventana cerrada, empecé a escuchar los vítores, aplausos, festejos y demás algarabías por la novena victoria de Rafa Nadal en Roland Garros. Hoy, al abrirla, la resaca informativa continuaba entrando como un tornado, como el rayo que no cesa. Poco a poco prensa, televisiones, emisoras y hasta mi vecina Fresquita, han relegado la abdicación del rey por unas horas, para dedicarle portadas y felicitaciones al gran Rafa Nadal.

Hoy voy a tirar de mitología, al igual que mi buen amigo Juan José Picos Freire en su libro “Sálvame, la telebasura como autoayuda”, la única diferencia es que la mía es más física, más tangible, más carnal. Viendo ayer jugar al Número 1 del mundo, veía su gran parecido con el semidiós Thor, ese que porta un martillo y desencadena truenos, tormentas, rayos y centellas. El mismo que goza de una musculatura exenta de anabolizantes y que fue olvidado por el cristianismo hace varios siglos por pagano.

Es fácil encumbrar al triunfador cuando se trae para casa la Copa de los Mosqueteros. Cuando, a pesar de sus 28 años y sus lesiones, continúa siendo el mejor del mundo. Que poco nos acordamos, cuando hace unos años, muchos titulares daban por profesionalmente muerto a Nadal. De hecho el británico Sean Corvin, especialista en biomecánica y rehabilitación, pronosticó la retirada del tenista. Este buen hombre iba aún más lejos, decía que las rodillas de Rafa eran las de un hombre de 33 años, cuando sólo tenía 23. Soy de letras, pero ahora Nadal tiene 28, por lo que sus rodillas están rozando la cuarentena, 38 años.

Para todos esos agoreros, tremendistas, adoradores del fracaso y de las desgracias ajenas, dedico hoy mi grito a pleno pulmón, con la ventana abierta de par en par: ¡El Thor de la raqueta sigue vivo! Y ahora si tenéis “bemoles” volvéis a tirar de la socorrida miseria para lanzar titulares sobre el final del mejor deportista de la historia de este país. Grande por acumular y ganar todos los premios habidos y por haber en el tenis, pero gigante por hacerlo con gran humildad. Precisamente en esto no se parece a ningún dios, todos ellos pecaban de orgullo y vanidad, pero ya os he dicho que mi semejanza es más carnal que espiritual.

Estamos tan poco acostumbrados a ver triunfadores, líderes y poderosos que lleven la modestia como carta de presentación, que lo de Rafa Nadal nos descoloca. Por eso le encumbro hasta las divinidades, por eso le hago más grande que cualquier dios pagano, porque Nadal nos ofrece una lección diaria de el mayor logro de un triunfador, nos da las claves para llegar al éxito. Con su manera de ser y de comunicarse nos está diciendo que la suerte depende de uno mismo, que siempre da más de lo que se le pide, que cuando uno cae hay que volverse a levantar, a pesar de sus rodillas cuarentonas, que lo importante es el camino no solo la meta, que una vez conseguida una meta se regodea lo justo en ella y ya está pensando en la siguiente y todo ello aderezado con el mejor condimento para tener los pies en la tierra, la humildad.
Entre dioses anda el juego y este lo gana Rafa Nadal.

Sonia González

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