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Hoy he abierto la ventana para decirle a mi vecina Fresquita que, por favor, bajara la música. Eran las siete de la mañana y la agradable voz de la solista, era como un puñal que se clavaba una y otra vez en  mis oídos y en mi cerebro. Pues no hubo forma, Fresquita me llamó inculta y atea y, en vez de bajar el volumen, le dio más caña a los decibelios. Qué le vamos a hacer, la mujer tiene muchas cosas buenas y una de ellas es que defiende todo en lo que cree hasta las últimas consecuencias.

Bien despierta y aprovechando “la marchita” musical, echándome unos bailes, le pregunté a Fresquita quién era la que cantaba. Hubo un silencio enorme y al minuto oí como alguien aporreaba mi puerta. Allí estaba ella, con una mirada inquisidora, perdonándome la vida. Casi sin mediar palabra, me dio un CD, giró sobre sus talones y levantando un dedo inquisidor soltó: “Dios mío, perdónala porque no hay nada más osado que la ignorancia”. Miré la carátula del CD y claro qué sabía quien era la solista, ni más ni menos que la brillante ganadora de La Voz de Italia, Sor Cristina. Esa novicia de 25 años que ha sorprendido al mundo con una voz increíble, con un dominio de todos los estilos musicales y con una naturalidad que ha hecho empequeñecer a los demás concursantes, a los presentadores y al resto de concursos de La Voz de todo el mundo.

Para mí, además de todos esos atributos, lo mejor de Sor Cristina es su coherencia. Hoy que los cambios de chaqueta, los peloteos y la mentira están presentes en nuestro día a  día, se agradece ver a alguien que lleva sus pensamientos y creencias, sin tapujos, sin vergüenzas y haciendo gala de sus convicciones. Os preguntaréis ¿cómo he llegado a esta conclusión? Porque tras su triunfo animó al público a rezar un padre nuestro, a dar gracias y eso sólo lo hace alguien que defiende sus ideas hasta el final. No os confundáis, no estoy hablando de religión, hablo de convicciones, de cualquier reto que alguien se plantee, hablo de seguridad en uno mismo y hablo de honestidad.

¿Cuántas veces has visto a alguien con una idea y cuando llega el jefe se achanta, vamos “se acojona” y se calla? O ¿cuántas veces has escuchado “sí, sí, estoy de acuerdo contigo” y luego han hecho lo opuesto?

Huye de esos oportunistas de medias tintas o mejor, enfréntate a ellos, es la única manera para acabar con esa lacra social que nos persigue y que se multiplica como si fueran ratas.

Sor Cristina, al igual que mi vecina Fresquita, no tiene miedo a aparecer delante de los demás como es. Unos lo llaman naturalidad, yo voy mucho más lejos, lo llamo ser auténtico, un valor en alza cuando se quiere comunicar.

Ahora a la novicia le queda un duro camino, el de la fama. Unos 400 medios esperan para entrevistarla y, estoy segura, voy a hacer de pitonisa sin bola y sin cartas, que nos va a volver a sorprender y a enamorar. Lo auténtico es lo que tiene, siempre llama la atención.

Y ahora voy a seguir escuchando el CD y bailando.

 

Sonia González

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