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El Príncipe promete servir 'a nuestra querida España, una nación, una comunidad social y política unida y diversa' - El Mundo

El Príncipe promete servir ‘a nuestra querida España, una nación, una comunidad social y política unida y diversa’ – El Mundo

Hoy he abierto la ventana un poco tarde. Un ataque de alergia me ha tenido enclaustrada, abrazada al paquete de kleenex durante horas. Cualquiera que me viera habría pensado que mis lágrimas y mi moquera eran para despedir a nuestro abdicado rey, D. Juan Carlos, pero lo mío es mucho más mundano.

Entre sollozos y mocos, hoy me niego a escribir sobre monarquía y república. Creo que ya hay bastante verborrea televisiva y escrita para dar el tema por saturado, debatido, opinado, utilizado y manoseado hasta límites insospechados. ¡Y lo que nos queda! Hoy voy a hablaros de esa primera aparición de nuestro futuro rey, Felipe VI y de su reina, Doña Leticia. (Me preocupa enormemente que el word no me admita Leticia con “Z” y me lo corrija rápidamente. Espero que esto no sea una premonición).

El todavía príncipe Felipe, ha aprovechado su primer discurso como futuro rey, para enviarnos un mensaje cargado de contenido y continente.

Aprovechando que hay que hacerse propaganda, hago referencia a mi libro “Aprende a comunicar, utiliza tu energía”, para deciros que estoy segura que Felipe lo está leyendo, y no solo eso, está también poniendo en práctica, parte de lo que en él aconsejo. Y si no se lo está leyendo él, seguro que lo está haciendo su consejero, Alfonsín, que lo tiene como libro de cabecera y está analizando como mejorar a su discípulo.

El discurso del príncipe ha estado correcto por las formas, por su lenguaje corporal, por el tono y por el contenido, pero le ha faltado energía.

Vayamos por partes. Ya que el mundo del coaching es lo mío, no hay nada mejor que haceros una demostración con el futuro rey.

Empecemos por su tono de voz, un tono suave, comedido, con pausas para enfatizar lo que le interesaba, pero se ha pasado en la lentitud en una parte del discurso. En su manera de hablar, cuando ha dicho: “… de dedicar todas mis fuerzas, con esperanza, con ilusión, a la tarea apasionante de seguir sirviendo a los españoles”, ha utilizado un ritmo demasiado lento. Quería ofrecer una imagen humilde y lo ha conseguido, pero en exceso. Esta muy bien que un futuro rey quiera parecer humilde, pero si quiere que nos lo creamos no debe excederse en un lenguaje no verbal que potencia en demasía lo que dice.

De la misma forma, cuando ha hablado de “servir”, ha inclinado la cabeza, potenciando esa servidumbre, pero al ir acompañada de un tono de voz suave y comedido, ha hecho que el gesto y el contenido de lo que estaba diciendo, haya sido excesivo. A estas alturas de la película, todos sabemos que las personas “más humildes del mundo” son los reyes ¿verdad? Después ha continuado cabizbajo y con el mismo tono suave y condescendiente ha hablado de “nuestra querida España”. ¿Qué perseguía con esa actitud? Demostrarnos a todos el respeto que tiene por nuestro país, pero le ha sobrado aumentarlo con la inclinación excesiva de cabeza y con el discurso a ritmo de nana. Estoy segura que nuestro futuro Felipe VI, siente de verdad todo aquello que ha dicho hoy, pero si lo hubiera hecho con voz más enérgica, la normal que él suele utilizar en sus discursos, habría conseguido un mensaje redondo.

Hoy, al escucharle, me parecía una persona que rozaba el compungimiento más que la ilusión, y sobre todo, la fuerza necesaria para afrontar lo que se le viene encima.

Y dejo a Doña Leticia (sigo con el problema de la “Z”) para otro día.

Sonia González

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